Comprendí demasiado tarde que, muchas veces, lo que no te pasa, te atraviesa. Salir al mundo es encontrarse cara a cara con el aspecto más cruel del amor ausente, pero insisto en que esta ausencia nada tiene que ver con el espacio, sino más bien con los calendarios: no hay desamor, solo amor a destiempo. Los hechos aquí narrados, que para la disidencia resultarán poco más que un anecdotario de los ritos de la brusquedad, pueden convertirse en la puerta a lo inverosímil para quienes ignoran el dolor al que debe enfrentarse el amor marginal para poder existir. Y a esta altura ya no importan los motivos de esa ignorancia, lo cierto es que esta es una historia sobre amores urgentes, esos que precisan quienes ya nada tienen y, a lo mejor también, una última chance para espiar más allá de los muros que separan lo correcto de lo real. Ningún libro llega por casualidad. La revolución estará en romper la propia cáscara, deshacerse del tegumento y germinar en la hostilidad del paisaje. Amar, al fin de cuentas, es aprender a morir.

Los amores urgentes / Juan Solá

$3.290
Los amores urgentes / Juan Solá $3.290

Comprendí demasiado tarde que, muchas veces, lo que no te pasa, te atraviesa. Salir al mundo es encontrarse cara a cara con el aspecto más cruel del amor ausente, pero insisto en que esta ausencia nada tiene que ver con el espacio, sino más bien con los calendarios: no hay desamor, solo amor a destiempo. Los hechos aquí narrados, que para la disidencia resultarán poco más que un anecdotario de los ritos de la brusquedad, pueden convertirse en la puerta a lo inverosímil para quienes ignoran el dolor al que debe enfrentarse el amor marginal para poder existir. Y a esta altura ya no importan los motivos de esa ignorancia, lo cierto es que esta es una historia sobre amores urgentes, esos que precisan quienes ya nada tienen y, a lo mejor también, una última chance para espiar más allá de los muros que separan lo correcto de lo real. Ningún libro llega por casualidad. La revolución estará en romper la propia cáscara, deshacerse del tegumento y germinar en la hostilidad del paisaje. Amar, al fin de cuentas, es aprender a morir.