Las palabras tienen magia porque nos permiten nombrar lo que pensamos, lo que sentimos y lo que esperamos. Pero a veces nos gastan bromas, como cuando se quedan detenidas en la punta de la lengua y ya no las podemos encontrar…   Galeano fue un gran contador de historias: atesoraba las palabras, las estudiaba, las recitaba y, a veces, como cualquiera de nosotros, las perdía. Prefería escribir a mano: decía que le gustaba sentir sus frases en el puño. Quizá por nacer ahí, abrigadas, las palabras de Galeano tienen la enorme capacidad de invitarnos a volar.

 

LA CASA DE LAS PALABRAS

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Las palabras tienen magia porque nos permiten nombrar lo que pensamos, lo que sentimos y lo que esperamos. Pero a veces nos gastan bromas, como cuando se quedan detenidas en la punta de la lengua y ya no las podemos encontrar…   Galeano fue un gran contador de historias: atesoraba las palabras, las estudiaba, las recitaba y, a veces, como cualquiera de nosotros, las perdía. Prefería escribir a mano: decía que le gustaba sentir sus frases en el puño. Quizá por nacer ahí, abrigadas, las palabras de Galeano tienen la enorme capacidad de invitarnos a volar.