¿A quién que conozca la devoción y la exigencia de un artista como Pedro Aznar puede sorprenderle que una vida semejante haya estado siempre acompañada por el contacto con la experiencia poética, aquella que se le manifiesta como los silencios de la música, la palabra que está antes y después de las palabras, aquella que tantea en el universo contagioso y vivo del lenguaje? Con la misma delicadeza y la misma precisión con que de los instrumentos hace música, Aznar se deja poseer por las palabras, nunca meros instrumentos, nunca ajenos. De allí entonces que la poesía se manifieste aquí, con él, en lo que roza pero también en lo que calla, en lo que dice más allá de lo que dice, y acaso más profundamente en su inmanente actitud de entrega y de recato, de dignidad y de respeto, que como en la música se respira con su aliento y que, intuyo, no lo haría sentirse a disgusto en el linaje del gran Pessoa que dijo: Trata de seducir con lo que hay en tu silencio.

 

Pruebas de fuego

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Pruebas de fuego $805

¿A quién que conozca la devoción y la exigencia de un artista como Pedro Aznar puede sorprenderle que una vida semejante haya estado siempre acompañada por el contacto con la experiencia poética, aquella que se le manifiesta como los silencios de la música, la palabra que está antes y después de las palabras, aquella que tantea en el universo contagioso y vivo del lenguaje? Con la misma delicadeza y la misma precisión con que de los instrumentos hace música, Aznar se deja poseer por las palabras, nunca meros instrumentos, nunca ajenos. De allí entonces que la poesía se manifieste aquí, con él, en lo que roza pero también en lo que calla, en lo que dice más allá de lo que dice, y acaso más profundamente en su inmanente actitud de entrega y de recato, de dignidad y de respeto, que como en la música se respira con su aliento y que, intuyo, no lo haría sentirse a disgusto en el linaje del gran Pessoa que dijo: Trata de seducir con lo que hay en tu silencio.